La receta de la felicidad

by Cocinology

Se está acabando el año y con eso llegan las reflexiones. Mucha gente empieza a hacer planes para el siguiente, se pone metas y proyectos, yo soy igual. Solo que esta vez es particular, porque hace un año hice un ejercicio consciente de lo que quería lograr en 2018 y al acercarse el final del año ya puedo hacer un balance.

Puedo decir, sin ningún temor a equivocarme, que la mejor cosa que me ha pasado este año es haber entrado a estudiar cocina y pastelería. ¡Qué oportunidad más maravillosa! Recuerdo cuando me ofrecieron la posibilidad y lo primero que pensé fue “¿madrugar todos los sábados durante dos años???”. Claro, ese era el diablillo en el hombro diciéndome que yo no iba a ser capaz. La pereza, la madre de todos los vicios, susurrándome al oído con todo su poder.

Pero los vencí y comencé. No voy a negar que ese primer día fue muy difícil. Levantarse de noche, bañarse de noche y llegar a las 7 a.m. en punto no fue nada fácil. La primera parte de la mañana no hicieron sino decirnos que esta carrera era muy sacrificada, que muchos teníamos que prepararnos para que se nos acabara el matrimonio, para perdernos todas las festividades familiares y para no volver a tener vida social. Y claro, todo esto seguido de casi siete horas de estar de pie…

No se equivocaron, a mi la vida social se me acabó. Me volví una viejita que se acuesta a dormir los viernes a las 9:00 p.m. y los domingos duerme hasta que el cuerpo se lo permite, es decir, todo el día! Ese primer día me tomé una foto en la mañana y otra al final de la tarde, en la primera todo sonrisas y en la segunda: un zombie. Creo que nunca me había sentido tan cansada! Fue tan terrible, que llegué a pensar “si esto va a ser así cada sábado, yo no creo que sea capaz de hacerlo”. Pero no lo fue y lo que sucedió después fue impensable y maravilloso.

 

Por gracia divina, o por suerte, quedé en el mismo salón con un grupo de personas que hoy en día no entiendo por qué no conocí antes. Pareciera que nos conociéramos de toda la vida y el afecto que ha crecido entre nosotros es entrañable. Creo que este año me he reído más de lo que me reí en los últimos 10 años y no dejaré de agradecerle al de arriba por haberme puesto al lado de estas personas. Soy muy, muy feliz.

Pero hay otro grupo de personas que han hecho que toda esta aventura sea tan especial, gente que con su infinita paciencia y sus profundos conocimientos, nos han entregado lo mejor que tienen y nos han enseñado a ser mejores: nuestros profesores. Yo sé que puede sonar muy lambona la cosa, pero es desde el corazón que les cuento que estas personas me han transformado la vida. Unos por devolverme la fe en mis conocimientos matemáticos, otros por mostrarme que la cocina va más allá de los fogones; y otros por enseñarme a valorar cosas que he tenido al frente toda mi vida y no había sabido apreciar lo suficiente.

“Aprender algo nuevo”. Esa fue una de las metas que escribí en diciembre de 2017 y vaya que lo he logrado! Si yo pudiera transmitirle a la gente la felicidad que a mi me embarga cada sábado, la ansiedad por ver a mis compañeros de clase y el deseo de hacerme y hacerles la vida más feliz, lo haría encantada de la vida. Pero escribir estas palabras es lo único que puedo hacer y esperar que al menos un poquito de esa dicha se les pegue a ustedes.

Todavía me cuesta madrugar, creo que eso me va a costar siempre, pero lo hago sin quejarme. Llego a esa cocina y la vida se me transforma, el cerebro se me expande y el corazón me crece el triple: de la felicidad y la cantidad de grasa! 😀

La vida del cocinero es sacrificada, pero se nota a leguas en las caras de los Chefs, que cuando la pasión es más fuerte no importan las horas, ni el cansancio, todo vale la pena por hacer lo que se ama.

Y eso, mis amigos, es la lección que me quiero llevar de este 2018. A mis tiernos cuarenta y pico, he vuelto a las aulas a estudiar una carrera y me estoy haciendo la vida muy feliz, tal y como mi mamá me lo aconsejó una vez. A veces subestimamos la importancia de aprender cosas nuevas y de darnos la oportunidad de abrirnos a mundos completamente desconocidos. ¿Ya conocen el dichito cliché ese que dice “nunca es tarde para empezar”?… Bueno, pues yo me volví ese cliché y me lo estoy gozando como nunca! Les deseo de todo corazón que ustedes puedan hacerlo también, porque ya descubrí que esa es la verdadera receta de la felicidad.

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